Hoy, hablaré por nosotros

«Por ahí, por algún lugar se va al Perú»

Hace más de 25 años mientras volvía a casa, después una estancia de algunos días en una ciudad desconocida hasta entonces para mí, me hice una promesa, una promesa que me perseguiría a lo largo de mi vida y que me increparía con más fuerza en estos últimos años.

Solo tres días antes, del día aquel al que hago referencia, mi padre y yo emprendimos un viaje a Abancay que según los planes de él eran para quedarme en casa de una tía lejana. Pretendía él que de esta forma me alejaba del dolor y sufrimiento que envolvía a los pueblos míos, digo a los pueblos míos; porque este día comprendí que realmente estábamos solos, y que el estado al cual nos dijeron pertenecer nos había abandonado a nuestra suerte.

Era la primera vez que salía de casa y a pesar de que mis ojos apenas habían percibido la luz y los nubarrones de siete inviernos, este viaje cambiaría por completo mi concepción del mundo, y gestaría en mí un camino al mañana del que no me arrepiento. Pero a pesar de las recomendaciones suyas y cuidados que pusieron, al tercer día yo ya estaba de retorno al Arroyo mío, al que, a partir de este, día amaría con más fuerza. En este viaje de retorno que compartí con unos vecinos, mientras escalábamos las montañas del Norte y cruzábamos aquel riachuelo, al volver la vista atrás, al gran océano de la vida en el qué percibí el dolor y sufrimiento del hombre andino ante el flagelo del terrorismo, el hambre, la miseria y el abandono, me prometí a mí mismo que yo hablaría por nosotros, y que mi voz gritaría el avatar de mi raza a los cuatro vientos.

Me prometí que hablaría nuestras memorias, nuestro tiempo, y nuestras vidas. Hablaría el murmullo de nuestros ríos y el canto de los pajarillos en nuestras florestas. Hablaría nuestras esperanzas por forjar un mundo mejor. Hablaría nuestras alegrías y nuestro dolor. Hablaría…

Esta vieja promesa se convirtió en una forma de vivir y de ser, un viejo sueño de mi niñez que ha sido la única razón fuerte porque el que he sobrevivido al vendaval de mi tiempo.

Pero hoy, no solo voy a hablar sobre este cosmos mío y sus elementos. No solo hablaré sobre nosotros que hemos resistido al paso del tiempo y las estaciones de la vida; sobre nosotros que forjamos una de las mayores civilizaciones del mundo; sobre nosotros que un día fuimos arrancados de nuestras tierras sagradas; sobre nosotros los humillados, los ofendidos, los marginados; sobre nosotros que poblamos la cordillera de los andes y los cinturones de las grandes urbes. Hoy quiero contar en primera persona mi fugaz paso sobre la tierra, y a través de esto mi concepción sobre la vida. Hoy quiero hablar sobre la tierra en cual erigimos esperanzas y lamentos; quiero hablar sobre la tierra, el cielo, el airé, los andes, los bosques, los ríos, los animales…

Prometo mucho. Hoy solo quiero hablar sobre la vida, sobre nuestro tiempo, sobre el amor,… No, sigue siendo mucho, simplemente quiero hablar sobre nosotros.

Cusco, Abril de 2014

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