El día que yo nací

El día que yo nací, el sol asomaba su rostro por entre los picachos salvajes del Salkantay, las nubes juguetonas escalaban a tropel las colinas y los peñascos que se levantan hacia el Sur, el viento frío del alba bailaba alegre con los arboles y arbustos de la comarca, los bulliciosos riachuelos murmuraban entre los relictos y las praderas, las avecillas del Arroyo entonaban sus trinos mañaneros, los pichones de gorriones y calandrias estiraban pesarosos sus alas implumes entre los maizales, y los zorreznos somnolientos —al igual que yo— abrían sus ojos dormidos a la vida.

De verdad, no hubo mejor época como ésta para nacer. Y quizá por ello, mi vida ame tanto el canto de las avecillas, y mi alma quiera tanto el murmullo de los ríos. Se deba quizá, porque cuando aquella mañana de marzo abrí mis ojos a este cosmos, lo primero que mis oídos escucharon fue el canto de las avecillas que tanto enternecen mi corazón y el murmullo de los riachuelos que estruendosamente surcan mi campiña.

El día que yo nací, dicen que era la mañana de un lunes radiante, aunque yo siempre creí que fue un miércoles nublado. Dicen que nací un 01 de marzo (aunque mejor hubiera sido un 29 de febrero). Pero esto no importa ya: si fue un lunes o un miércoles, o si un 01 o un 29. Lo importante es que aquella mañana de marzo abrí los ojos, en aquella pequeña comarca del ande, a los pies de las montañas que rodean Asil, una comunidad oculta entre las montañas del ande que en aquellos años acogía a unas trescientas familias, y al que con los años llamaría Arroyo.

El día que yo abrí mis ojos, en uno de los tantos cuartos de aquella casa de mi infancia del que ya no queda nada, no hubo fiestas ni regalos, solo la sonrisa de mis padres, pues había llegado el segundo hijo, y por fin el primer varón.

Pero como seguir narrando del día que nací si apenas no recuerdo nada. Y no habría que intentar narrar de aquello que no vi. Porque lo poco me contaron y las ideas que me hice ya cuando comencé a comprender el mundo mío. Son apenas una sombra de lo que pudo ser aquel día, y lo que en verdad significo para mis padres.

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