Escuelita de Asil

Clavelito blanco, signo de pureza, tú eres la esperanza de toda mi vida.
Escuelita de Asil, escuelita mía, tú eres la esperanza de toda mi vida.

Así comenzaba aquella canción que era un himno entre nosotros. Un himno cuyo origen se pierde en la inmensidad del tiempo, como hoy lo hacen los recuerdos. Un himno sagrado que entonábamos con más emotividad y fervor que el himno patrio. Más hoy, de aquellos días apenas quedan los recuerdos, porque en sus verdes patios la algarabía de nuestras voces ―encarnadas en la de otros niños― ya no se oyen. No hace mucho que dejaron de ser la fuerza que impulsaba nuestro cosmos. Continuar leyendo «Escuelita de Asil»

Mi primer recuerdo

Al Sureste del majestuoso Padreyoc, al cual llamamos Nevado de Salkantay, y a la margen izquierda del gran río Apurímac se levanta imponente nuestro Arroyo ―digo nuestro, porque yo tan solo fui uno más de aquellas voces que aprendieron la vida en sus praderas y riachuelos―. Aguas Blancas, que así se llama este vergel, un lugar de ensueño que florece en todas la estaciones del año, es apenas un pequeño barrio de la Comunidad Campesina de Asil, que alberga un centenar de familias. Y fue en medio de este pequeño paraíso, que se alza al Sur del Distrito de San Pedro de Cachora que nací un día, y allí viví los mejores años de mi vida, sobre todo aquellos años de fuego que forjaron el alma mía. Fue en sus caminos polvorientos y verdes praderas que aprendí la grandeza y la fragilidad de la vida. En las praderas verdes de Asil comenzaron las memorias de mi tiempo y los largos caminos de mi existencia, todavía cuando era un infante. Continuar leyendo «Mi primer recuerdo»

Hoy no quiero hablar

Otra semana más en el que guardaré silencio y no publicaré nada. Y no porque no pueda ni tenga nada que compartir. Sino que, a pesar de ser muchas las historias escritas y los versos compuestos, no me siento conforme con mi prosa ni mi verso. Comienzo a encontrar errores a todos los textos hasta hoy escritos, y quizá por ello he comenzado a desmembrarlos en sus partes por querer entenderlos. Continuar leyendo «Hoy no quiero hablar»

El día que yo nací

El día que yo nací, el sol asomaba su rostro por entre los picachos salvajes del Salkantay, las nubes juguetonas escalaban a tropel las colinas y los peñascos que se levantan hacia el Sur, el viento frío del alba bailaba alegre con los arboles y arbustos de la comarca, los bulliciosos riachuelos murmuraban entre los relictos y las praderas, las avecillas del Arroyo entonaban sus trinos mañaneros, los pichones de gorriones y calandrias estiraban pesarosos sus alas implumes entre los maizales, y los zorreznos somnolientos —al igual que yo— abrían sus ojos dormidos a la vida. Continuar leyendo «El día que yo nací»